Y todo eso tan ridículo y gregario podía ser peor todavía en otros planos, en la meditación siempre amenazada por los idola fori, las palabras que falsean las intuiciones, las petrificaciones simplificantes… . […]
En la más completa libertad aparente, sin tener que rendir cuantas a nadie, abandonar la partida, salir de la encrucijada y meterse por cualquiera de los caminos de la circunstancia, proclamándolo el necesario o el único.
¿De qué sirve saber o creer saber que cada camino es falso, si no lo caminamos con un propósito que ya no sea el camino mismo?
No somos Buda, che, aquí no hay árboles donde sentarse en la postura del loto. Viene un cana y te hace la boleta.